Mostrando entradas con la etiqueta Crónicas del Prusés. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crónicas del Prusés. Mostrar todas las entradas

martes, septiembre 12, 2017

Crónicas del prusés (III): Unas cuantas preguntas

Me había prometido a mí mismo que, como el esfuerzo inútil conduce a la melancolía, era mejor dejar de escribir sobre Cataluña por una buena temporada. No solo dejar de escribir, sino intentar vivir de la manera más normal posible, es decir, vivir como si Cataluña no existiera.

He resistido unos meses pero llega un momento en que el estómago de uno no aguanta más y, por inútil que sea, no puedo dejar de escribir algunas preguntas que se me ocurren:

  1. La semana pasada, ¿no habría sido mejor que el todavía presidente de la Generalitat hubiese firmado por decreto la revocación de la Constitución y el Estatuto, y la convocatoria de lo que él llama referéndum? Total, si es ilegal de cabo a rabo, ¿no era más digno para la institución que él representa hacerlo así, en lugar de montar un trasunto de Asamblea Constituyente de Venezuela?

  1. Los prusesistas dicen que todo se está haciendo de forma escrupulosamente legal. ¿Qué tendría que hacer la presidenta del Parlamento de Cataluña para que los nacionalistas admitieran que se salta las normas? ¿Meterse una raya de coca en un Pleno, allí delante de todos, o algo así?

  1. En la misma línea, ¿qué tendría que hacer el todavía Presidente de la Generalitat para que los nacionalistas admitieran que se salta las normas? ¿Sacarse la chorra en una comparecencia, o algo así?

  1. En las sociedades prósperas, las instituciones tienen que funcionar, los contratos se respetan: por ejemplo, si quedamos a las siete, nos vemos a las siete. Si las instituciones no son fiables, la incertidumbre se maximiza y la prosperidad transmuta en selva. En la Cataluña libre y soberana que nos prometen, ¿falsificar la firma de un fedatario público como es el secretario del Parlament será delito o da lo mismo?

  1. El todavía presidente de la Generalitat dice que a él solo lo puede inhabilitar el Parlamento. En la Cataluña libre y soberana que nos prometen, ¿el poder ejecutivo estará sometido al poder judicial o da lo mismo?

  1. En medio del éxtasis y la autocomplacencia en que viven, ¿los prusesistas no han parado a pensar que, en su afán por buscar la máxima pureza soberanista con todas las consecuencias, tal vez pueden estar perdiendo algún leve apoyo electoral futuro? ¿Puede ser que las tornas cambien y el prusés sea una fábrica de unionistas?

  1. ¿No es descorazonador que, fuera de Cataluña, los principales valedores intelectuales de la independencia sean Julian Assange, Arnaldo Otegi y el Varoufakis?

  1. En la Cataluña libre y soberana, dado que España será ya un país extranjero, ¿que un estadio de fútbol silbe contra el himno español, o que un dirigente político diga que foteu pena tots els espanyols, o que uno que dice que es filósofo diga que hay que evitar a toda costa que una española sea alcaldesa de Barcelona podrá considerarse xenofobia? Algo habremos avanzado.

  1. Además del presidente de Estados Unidos y del de la Generalitat, ¿ustedes conocen a algún otro gobernante de un país occidental que se dedique a insultar a medios de comunicación por Twitter?

  1. ¿A ningún independendista le da asco lo infatiloides que resultan las movilizaciones de la ANC, con sus inscripciones, sus pseudocoreografías, y sus anuncios de que los ejes básicos de la república catalana van a ser justicia y bienestar social, democracia, diversidad, solidaridad, equilibrio territorial, sostenibilidad, cultura y educación, innovación y apertura al mundo? ¿Nadie huele el tufo mitad pueril, mitad norcoreano de tales declaraciones de intenciones?

  1. Si José María Aznar tuviera a su disposición una máquina del tiempo y pudiera viajar a la primavera de 1996, ¿volvería a acordar con Convergència i Unió aquella tregua ideológica que consistía en apoyo electoral en el Congreso de los Diputados a cambio de disolver la oposición en el Parlamento de Cataluña?

  1. Si José María Aznar tuviera a su disposición una máquina del tiempo y pudiera viajar a la primavera de 1996, ¿volvería a acordar con Convergència i Unió la retirada de la Guardia Civil de Cataluña para que, en palabras de Jordi Pujol, los catalanes pudieran sentirse en su casa?

  1. Si José Montilla y José Zaragoza tuvieran a su disposición una máquina del tiempo y pudieran viajar al quinquenio 2004-2009, ¿volverían a montar aquellas campañas electorales infinitamente sectarias, que inoculaban el odio al contrincante político hasta la náusea, que presentaban al PP no como adversario político sino como enemigo del pueblo de Cataluña?

  1. Si José Montilla tuviera a su disposición una máquina del tiempo y pudiera viajar al verano de 2010, ¿volvería a convocar una manifestación en contra de una sentencia judicial y bajo el lema Nosaltres volem decidir? ¿No fue aquello la semilla de la deslegitimación del poder judicial y del falso binomio “el pueblo” contra “los jueces”, que el PSC inició y del que ahora intenta apearse demasiado tarde?

  1. ¿Por qué la ANC pide donaciones para pagar las sanciones a Artur Mas? ¿No quedamos en que hay que desobedecer? Si el 2 de octubre van a dejar de regir las normas españolas, ¿qué más da si Mas no paga esa sanción?

  1. Los independentistas manejan estos escenarios: En el mejor de los casos (el menos probable), habrá una alteración del orden constitucional español por la vía de los hechos consumados. En el peor de los casos (el más probable), tras un simulacro de referéndum, habrá disturbios más o menos violentos, pero se acabará manteniendo el orden público y los tribunales terminarán con un millar de personas, entre consejeros, cargos de confianza, miembros de la mesa del Parlamento, alcaldes y secretarios municipales, imputados, condenados… e indultados tras una negociación posterior con el próximo Gobierno de España. ¿No creen que, manejando esas hipótesis, los estrategas de la Generalitat piensan que, en realidad, tienen poco que ganar pero nada, absolutamente nada, que perder?

  1. La Ley de Régimen Local exige que en la fachada del ayuntamiento tiene que estar la bandera de España y en el salón de plenos el retrato del Rey. Si el presidente del Gobierno hubiera querido, habría podido aprobar hace años una leve modificación de esa Ley para proclamar que los acuerdos de los plenos no son válidos si lo anterior no se cumple. Es un ejemplo tonto de un detalle, entre otros muchos, que durante años se podrían haber implementado para dejar claro quién manda. Ahora el gobierno intenta a toda prisa dejar claro quién manda y quizás ya es tarde. Si el gobierno ha renunciado durante años a recordar por la vía de los símbolos que Cataluña está bajo soberanía española y durante años muchos alcaldes han hecho lo que les venía en gana sin represalias, ¿por qué espera que ahora esos mismos alcaldes cumplan con las leyes y las resoluciones judiciales?

  1. ¿Es cierto que los catalanes que están “votando” desde el exterior lo están haciendo enviando por carta un código QR, un documento firmado… y una fotocopia del DNI? ¿Se puede atestiguar de manera indubitada la identidad de alguien con una fotocopia?

  1. ¿No es triste pero inevitable que los independentistas sean un bloque monolítico, ilusionado, con lemas tan simples como convincentes y potentes, y en la acera de enfrente los llamados partidos unionistas no se soporten entre ellos, traten de robarle votos y protagonismo al vecino, no tengan convicciones y no valgan ni para hacer demagogia barata?

martes, octubre 11, 2016

Crónicas del prusés (II): El interés

Decíamos ayer que, preguntados acerca de para qué demonios quieren la independencia, el motivo más habitual que esgrimen los secesionistas no es en realidad un motivo: justificar con el llamado derecho a decidir lo adecuado que es separarse del resto de España es como justificar lo bueno que es tener de líder del PSOE a Pedro Sánchez con el derecho de los militantes de base a elegir el líder del PSOE. En el fondo no se está entrando a valorar lo bueno o lo malo de la independencia o lo bueno o malo del liderazgo de Pdro Schz, simplemente uno se sale por la tangente y no responde.

-
Bueno, pero los catalanes tenemos motivos sobrados, ni mucho menos es solo el derecho a decidir -responderá entonces el indepe-. ¡A los catalanes nos interesa la independencia! (pongo en cursiva lo de los catalanes por la manía esa que tienen los separatistas más recalcitrantes de tomar el todo por la parte cuando se refieren a sí mismos como los únicos catalanes posibles)

¿Qué es eso de que "a los catalanes nos interesa"? Si me creyera la historia esta, al parecer los catalanes tenemos una economía más productiva que la extremeña, menos funcionarios que en Extremadura, más ganas de trabajar que los extremeños, más inteligencia que los extremeños, más impuestos que los extremeños, peores autovías que los extremeños y estamos más cerca "de Europa" que los extremeños, y además está el yugo opresor del gobierno español que bloquea maquiavélicamente cualquier inversión extranjera en Barcelona para evitar hacerle sombra a Madrit. Ustedes pueden creer que estoy ridiculizando o menoscabando los argumentos serios de los independentistas, pero prueben ustedes a sintonizar una tertulia de TV3 cualquier día y verán que me he quedado corto; o si les parece que una tertulia no vale porque hay que buscar tribunas donde se lancen opiniones más ilustradas, prueben ustedes a hojear el diario de sesiones del Parlamento de Cataluña a cuenta de cualquier debate de cualquier sesión de cualquier año reciente (¡o lejano!) y, aunque no aparecerá *literalmente* lo que he escrito, si leen entre líneas lo verán clarísimo. Como decía, a los catalanes nos ocurren todas estas desgracias mientras los madrileños nos oprimen y los extremeños hacen el zángano a nuestra costa. Por lo tanto, a los catalanes nos interesa independizarnos: si Cataluña se convierte en una nación soberana, tendremos más infraestructuras, tendremos menos impuestos y además los pocos impuestos que tengamos no saldrán de Cataluña para alimentar a los vagos extremeños, atraeremos más actividad económica porque los chinos se pondrán a invertir como locos en el puerto de Barcelona, el mundo nos señalará asombrado al vernos como la perla del Mediterráneo, y seremos más felices porque nos habremos convertido en un paraíso terrenal y, sobre todo, fiscal.


Creo que cualquier día de estos el Institut Nova Història anunciará que el cuadro anterior ha sido erróneamente atribuido a un neerlandés durante varios siglos, y que en realidad no lo pintó Hieronymus Bosch sino el ciudadano de Collbató Jeroni Bosch. En el cuadro, a la izquierda vemos la Cataluña originaria, en el centro la Cataluña independiente y a la derecha la Cataluña autonómica.

Aunque ahora no lo crean, no es la intención de este post analizar si la situación de Cataluña que describen los nacionalistas catalanes es o no es del todo cierta, ni si es o no es del todo culpa del yugo opresor madrileño, ni si el futuro que vislumbran para cuando acabe el prusés es o no es del todo verosímil. Antes de eso, hay que fijarse en un concepto: ¿qué es esto de la independencia por interés?

Desde hace milenios, la organización espontánea del hombre como animal social, los intercambios mercantiles y culturales entre pueblos, la fuerza ejercida por las élites, los progresos científicos o tecnológicos en diversas culturas, etcétera, han acabando forjando en todas las civilizaciones del mundo unas estructuras que detentaban el poder coercitivo, que recaudaban tributos y se adjudicaban el dominio sobre territorios, sobre mares y por supuesto sobre individuos. Primero eran señoríos, imperios o reinos. Hoy en día son los Estados-Nación modernos. Hoy, los Estados-Nación modernos se han formado por una confluencia de factores como los antes enumerados, además de por azar, por sangre o por coitos entre reyes. Hoy, en Occidente, no está muy claro si hay algo tangible que nos haga realmente iguales, si hay algo que nos mantiene en común a los ciudadanos de un Estado-Nación moderno y nos diferencia de los del Estado-Nación moderno de al lado.

Sí parece bastante claro, en cambio, que los ciudadanos de un mismo Estado-Nación moderno nos solemos reconocer entre nosotros como coetáneos, sometidos a unas mismas dinámicas, partícipes de unos mismos principios de justicia y de acción. Entre nosotros nos vemos como iguales y ello no significa que compartamos intereses ni objetivos: permítanme que me ponga socialdemócrata durante 20 segundos, entre nosotros puede haber ancianos, o gente desatendida, o gente desempleada, y ello no impide que entre todos compartamos unos ciertos principios no escritos de unidad de acción. Formar parte de un mismo Estado moderno, democrático, es ser ciudadanos que se reconocen entre ellos como cercanos, sin que ello impida que puedan tener intereses contrapuestos, y ni que tengan ninguna clase de homogeneización ni cultural ni de ningún otro tipo.

¿Qué es eso de que Cataluña se independice del resto de España "por interés"? Si tuviera que hacer una lista de todas las personas, españolas o no, con las que no me intersa en absoluto volver a cruzarme, tendría para varios días. Lo de colocar una frontera donde no la había es algo muy serio, y que tus principios de justicia y unidad de acción los definas solo sobre aquellos individuos sobre los que tienes intereses es, por decirlo suavemente, ligero, entre otros motivos porque seguramente yo comparto muchos más intereses con otro barcelonés, o con un madrileño o con un londinense que con un señor del Pont de Suert, lugar que tal vez no visitaré en la vida. Valorar como iguales a ti solo a los que te interesan es algo que vemos hacer a Sheldon Cooper en The Big Bang Theory, y que nos parecería profundamente inmoral si viéramos a alguien obrando así en la vida real. Pero esto está ocurriendo en Cataluña y hay quien lo ve como un argumento perfectamente respetable. Yo respeto intelectualmente cien veces más a los que intenten encontrar diferencias culturales, o lingüísticas, o xenófobas para justificar la independencia de Cataluña que a los que la defiendan porque es lo que "nos interesa". Que les zurzan.

martes, septiembre 20, 2016

Crónicas del prusés (I): Confundir el cómo con el qué

Años antes de que eclosionara el prusés, cuando al economista autodenominado liberal Xavier Sala Martín le preguntaban por qué era independentista catalán, él respondía lo siguiente (en este ejemplo de 2007, en el minuto 02:35):



"Yo soy independentista, pero no independentista catalán, o no solo independentista catalán, soy independentista de cualquier país que quiera la independencia. Si un conjunto de personas decide de manera democrática hacer una nación nueva a través de un referendum, yo no veo cómo ninguna persona democrática puede oponerse."

Ya antes de empezar el prusés estábamos con el mismo sofisma. Sin duda, este motivo es uno de los más frecuentes que cualquier independentista da cuando es preguntado al respecto. Fijense bien en la respuesta: cuestionado por la coña esta de la independencia, Sala Martín no responde a lo que se le pregunta, sino que en realidad explica que lo suyo es independentismo subrogado. No me imagino a alguien respondiendo "Yo soy capitalista porque si una mayoría de gente decide democráticamente que está a favor del capitalismo, no veo cómo ningún demócrata puede oponerse", o "Yo soy monárquico porque si una mayoría de gente decide democráticamente que el país tiene que ser monárquico, no veo cómo ningún demócrata puede oponerse". Lo normal cuando a uno le preguntan si es capitalista o socialista, o monárquico o republicano, o si prefiere carne o verduras, es que dé algún tipo de respuesta mínimamente sustanciada. Ni siquiera hablo de respuestas intelectualmente elevadas o que requieran una reflexión profunda. Cuando a alguien le preguntan por su ideología o por sus preferencias, lo normal es que dé algún tipo de motivo, no que se subrogue a lo que digan los demás. Responder "porque si la mayoría lo quiere, ningún demócrata se puede oponer" suena a escapismo, a querer rehuir la pregunta real.

Desde que empezó la coña esta del prusés, el 80% del tiempo se está dedicando al cómo y no al qué. Se está huyendo del debate último sobre cuáles son los argumentos reales que hay detrás del separatismo o del llamado unionismo, y se centran los esfuerzos 'intelectuales' en el cómo: que si la consulta con cajas de cartón del 9-N tenía validez o no, que si votando de tal o cual manera está bien, que si un 51% es suficiente o si hace falta un 80%, que si votos o escaños, que hay que ver qué malos son los fascistas españoles que no nos dejan sacar las urnas, que si las encuestas dicen que esta semana hay 10 independentistas más. Es mucho más difícil, en cambio, escuchar debates sobre el qué. Y no es exclusivo de los indepes, porque oigan: alertar sobre las supuestas consecuencias económicas terribles (o sobre los supuestos beneficios maravillosos) de una secesión también es huir del debate sobre el qué, aunque de eso hablaremos otro día. En una pugna política, siempre es intelectualmente más fácil renunciar a dar la batalla de las ideas. El presidente del gobierno, sin ir más lejos, es un adicto a ese vicio.

Siempre es más sencillo dar motivos vagos como "es lo que quiere la mayoría" que tener que bajar al barro a contraponer puntos de vista. Así que, para examinar los argumentos del separatismo y los contrarios, de entrada hay que tirar a la basura todo cuanto verse sobre el derecho a decidir, porque eso es irrelevante y desvía el foco real de la discusión. Si uno es independentista porque cree que "si la mayoría de los que me rodean lo son, tiene que ser bueno, y tendrían que poder votar sobre ello", es que más que independentista es un poco cortito, la verdad.

martes, septiembre 13, 2016

Crónicas del prusés: preludio

Es difícil ponerse en la piel del otro, pero creo que si yo fuera independentista catalán y mis líderes llevaran 5 años diciéndome:

(1) que Cataluña va a ser un nuevo estado de Europa (manifestación del 11 de septiembre de 2012),

(2) que estas van a ser las últimas elecciones autonómicas (las de noviembre de 2012),

(3) que vamos hacia la independencia (corro de la patata gigante del 11 de septiembre de 2013),

(4) que ahora es la hora (manifestación del 11 de septiembre de 2014),

(5) que vamos a votar si queremos ser independientes y esto ya es irreversible (autodenominado proceso participativo del 9 de noviembre de 2014),

(6) que vamos a proclamar la independencia el 23 de abril de 2015,

(7) que estas van a ser la últimas elecciones autonómicas (las de septiembre de 2015),

(8) que vamos a proclamar la independencia en un plazo de 18 meses a contar desde la celebración de las últimas elecciones autonómicas (las de septiembre de 2015),

(9) que vamos a proclamar la independencia en un plazo de 18 meses a contar desde la investidura del nuevo presidente de la Generalitat (enero de 2016),

(10) que está todo a punto (manifestación del 11 de septiembre de 2016),

(11) que el año que viene por estas fechas estaremos celebrando la proclamación de la independencia (manifestación del 11 de septiembre de 2016),

(12) y que el año que viene vamos a convocar las últimas elecciones autonómicas, que serán constituyentes (manifestación del 11 de septiembre de 2016);

algo me hace pensar que, al cabo de cinco años, estaría empezando a sospechar si no me están tomando el pelo. Como no soy independentista, al ver a la turba manifestarse con tanto entusiasmo cada 11 de septiembre, lo único que pienso a estas alturas es que solo pueden pasar dos cosas:

- los manifestantes no se dan cuenta de que les están engañando, y por lo tanto son completamente gilipollas;

o bien

- los manifestantes en el fondo saben que les están engañando, pero les da igual porque mola formar parte de una masa tan grande, y por lo tanto son bastante gilipollas.

Sinceramente no veo otra posibilidad, y espero que la situación real está siendo la segunda: no tengo mucho respeto por mis coetáneos en general, pero siempre me reconfortaría saber que la mitad de los me rodean no son idiotas perdidos. Ante este fenómeno de cada 11 de septiembre, ante las consecuencias reales que está teniendo y las que no está teniendo, creo que es interesante dedicar algunas entradas.

Estos años me he resistido mucho a escribir sobre el prusés, primero porque es un tema ya muy manoseado por todos los opinólogos y tertulianos varios, y segundo porque creía que era un asunto que iba a durar cuatro días, pero ya no aguanto más. En los próximos martes habrá que repasar cómo hemos llegado hasta aquí; cuáles están siendo las consecuencias reales del prusés y cuáles no; y qué podría hacer el gobierno, si estuviera presidido por alguien sin ser dominado por la pereza y la atonía, para tratar de reconducir la situación. Nos vemos.