jueves, marzo 06, 2008

Son los dos iguales, son los dos iguales


Uno de los comportamientos más curiosos, dignos casi de un estudio antropológico, que exhiben los progres que no son integristas, es una aparente equidistancia entre la derecha y la izquierda, entre el Pp y el Psoe y, en esta campaña, entre Rajoy y Zapatero. ¿Usted no ha oído nunca, como respuesta, lo de "Son los dos iguales, no te engañes", cuando trata de criticar la grave estulticia de nuestro líder có[s]mico José Luis Rodríguez Zapatero?

Los progres al uso suelen mostrar dificultades para justificar el pensamiento del presidente Rodríguez, entre otras cosas porque nadie conoce su pensamiento. Por ello, en un intercambio de golpes dialécticos, suelen optar por una de estas dos estrategias:

(a) criticar al Pp, hablar de Pizarro, de los hermanos Zaplacebes y de que tuestáscontraCatalunya, o

(b) decir que es que todos los políticos son iguales, y que hay que ver cómo no te das cuenta tú de que Rajoy y ZP son lo mismo.

La opción (a) es la preferida por los progres más recalcitrantes y de hecho ahí se resume todo el programa electoral del Psoe. La (b), en cambio, es, como digo, la más común en el sujeto progre no integrista. A mí me parece una falsa equidistancia, una forma de huir, de negarse a pensar, de no querer reconocer que Rodríguez Zapatero es una calamidad y de que no todos los socialistas bienintencionados tienen por qué tragar con esa historia.

Porque Rajoy y Zapatero no son lo mismo. Rajoy defiende el mérito, la igualdad de oportunidades pero no la igualdad por decreto, el imperio de la ley, la concepción de la nación española como un Estado garantista cuya única seña de identidad es la libertad, y proclama que en política no deben existir soluciones mágicas, improvisaciones efectistas ni sonrisas reparadoras. Con estas ideas uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo, pero es que Rodríguez Zapatero no tiene ninguna idea. Su ideología es el no al Pp, su acción de gobierno es el mañana ya veremos, su objetivo es durar y sus principios son una egolatría desmesurada. Confunde gobernar con permanecer en el gobierno sin tomar medidas, y su palabra vale cero.

Por eso, la próxima vez que usted oiga eso de "Es que son todos iguales", no se confunda. Está ante un observador equidistante. Un observador objetivo, independiente, e imparcial: es decir, socialista.