jueves, diciembre 27, 2007

Yo también soy Joaquim Roglan


Andan estos días los conductores de autobuses de Transportes Metropolitanos de Barcelona muy enfadados. Tan, tan enfadados, que se han declarado en huelga porque dicen que no tienen dos días de fiesta semanales todo el año. Si tan dramático es su empleo que no pueden disfrutar de dos días de descanso cada semana, bien podrían dejar el noble oficio de autobuseros y dedicarse, por ejemplo, a ser dependientes de El Corte Inglés, o ser camareros, o kiosqueros, empleos en los que, como todos sabemos, sí se hace fiesta los fines de semana y nunca, nunca, se trabaja en festivos.

Como esto es España y aquí los sindicatos tienen barra libre para extorsionar, amenazar, agredir, insultar, practicar vandalismo y conculcar derechos fundamentales, los aguerridos conductores de TMB se han indignado con un tal Joaquim Roglan. Roglan es un profesor de Periodismo que ocasionalmente publica artículos en La Vanguardia del Poder. Resulta que este señor ha osado, asómbrense, criticar a los huelguistas, y tras tamaño atrevimiento los tíos han aparecido mostrando pancartas insultantes contra su persona, con un frikisindicalista silbando a un artículo suyo que sostenía en las manos. No es de extrañar que a esa cosa asquerosa, pegajosa y vomitiva que es la movilización agitativa le moleste Joaquim Roglan, simplemente porque lo único que hizo Roglan es decir la verdad:

LA COSTRA SINDICAL
Joaquim Roglan
La Vanguardia del Poder, 22 de diciembre de 2007


Mientras Barcelona estaba colapsada, apareció en la tele un representante sindical de los conductores de autobuses y dijo que sólo quieren ser "como toda persona civilizada". Pero pasa que las personas civilizadas no pinchan ruedas de autobuses, ni tiran bolas de hierro contra los que cumplen los servicios mínimos, ni hieren a ciudadanas que van a trabajar, ni montan piquetes de matones, ni tienen cinco días seguidos de fiesta cada mes, ni otras muchas prebendas que se calló.

Dijo también el portavoz de la costra sindical que tienen derecho a hacer huelga y que los ciudadanos se quejen al Ayuntamiento o a la EMTB. Y tenía razón, porque el Ayuntamiento y la EMTB ocultan datos como cuánto gana un conductor de autobús, cuántos empleados de EMTB son familiares de primer y segundo grado, cuántos de ellos son parientes y amigos del comité de empresa, cuántos usuarios ancianos resultan heridos cada año a causa de maniobras bruscas, cuántas infracciones de tráfico y accidentes cometen los autobuses municipales, cuántos semáforos se saltan, ni cuantos pasos de peatones cortan con sus vehículos articulados.

La cuestión es que violaron otra vez el derecho a la libre circulación, perjudicaron a los demás trabajadores, lograron que el servicio de taxis fuese más insuficiente de lo habitual, colapsaron la ciudad, causaron daños y perjuicios a los comerciantes y demostraron que su sentido de la solidaridad y del servicio público no ayuda a alegrar las fiestas a los catalanes "emprenyats" por funcionarios privilegiados como ellos.

Pero como toca ser optimista y ver el lado positivo de las cosas, las horas en que no circularon autobuses, los coches, las motos y las bicicletas ganaron un carril y rodaron mucho mejor y mucho más tranquilos, a nadie se le cerraron las puertas del bus ante las narices, nadie fue transportado como ganado y nadie sufrió sus típicos retrasos.

Lo único raro fue que hombres tan valientes a la hora de pinchar ruedas, lanzar bolas de hierro y montar piquetes, monten paros y huelgas, porque se muestran como unos cobardicas cuando sube a un autobús un toxicómano, un carterista, un gamberro o unos jóvenes con unas copas de más, por lo que exigen parar más a menudo para hacer pipí. No le extrañe pues a esa costra sindical que si un día se liberalizan y privatizan los transportes y les envían al paro, los ciudadanos civilizados sientan desafección hacia ellos y no les agradezcan ni su mal servicio ni los daños y perjuicios que han prestado.